El arte, la pasta y el dolce vita. Cada ciudad italiana tiene su propia personalidad y su propia cocina. Un país que enamora cada vez que lo visitas.
La ruta clásica y la más satisfactoria para un primer viaje. Roma como entrada, tren a Florencia y cierre en Venecia — con posibilidad de añadir Nápoles y la Costa Amalfitana.
La regla de oro en Italia: nunca comas en un restaurante con carta en cinco idiomas frente a una atracción turística. Camina dos calles más y encontrarás trattorías locales con el doble de calidad por la mitad de precio.
Alójate siempre en el centro histórico — caminar es la mejor forma de descubrir Italia. En Venecia, no en Mestre (la ciudad del continente, sin canales). En Roma, busca el barrio de Monti o Trastévere.
Reserva las entradas antes de comprar los vuelos. En serio. El Coliseo, los Uffizi, la Capilla Sixtina, el David y la Borghese se agotan con días de antelación en temporada alta. Sin reserva puedes perder mañanas enteras haciendo cola o directamente no poder entrar.
Come como los italianos: desayuno rápido en el bar (cappuccino + cornetto, 2–3€ de pie), la comida principal al mediodía con el menù del pranzo (entrada + pasta + agua = 12–15€) y cena más ligera. Es como funciona Italia y así comes mejor y más barato.
Venecia: quédate a dormir al menos una noche. Los cruceristas y excursionistas de día destrozan el ambiente. A las 19h, cuando se van todos, Venecia se convierte en algo mágico. El silencio de los canales y los pasos sobre el adoquín mojado es una de las experiencias más únicas que he tenido en Europa.
Descarga Trainline o la app de Trenitalia para comprar los billetes de tren directamente desde el móvil. Y lleva la app de reservas de entradas siempre disponible — te pedirán el código QR en cada museo.
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