Praga parece sacada de un cuento: torres góticas, puentes de piedra y plazas medievales perfectamente conservadas. Y la mejor cerveza del mundo, según los checos.
Praga es compacta y perfecta para explorar a pie. En 3–4 días ves todo lo esencial sin agobios. Los barrios más locales están fuera del circuito turístico — merece la pena buscarlos.
La cocina checa es contundente y baratísima comparada con Europa Occidental. Busca los restaurantes donde coman los checos — en Vinohrady y Žižkov, no en los alrededores del Puente de Carlos.
Praga tiene hoteles muy buenos a precios mucho más bajos que Europa Occidental. Alójate en Vinohrady o Žižkov para precio/calidad y ambiente local. El centro histórico es cómodo pero más caro.
Praga recibe millones de turistas al año pero tiene barrios completamente locales donde apenas hay turistas. Vinohrady y Žižkov — come, bebe y pasea por allí para vivir la experiencia auténtica. Los pubs en estos barrios cobran precios de cerveza checa real: 40–60 CZK el medio litro.
El Puente de Carlos al amanecer (antes de las 7h) es una experiencia completamente diferente a lo que verás en las fotos de Instagram — silencio, niebla sobre el río, y si tienes suerte, luz dorada sobre las estatuas barrocas. Merece madrugar.
La excursión a Český Krumlov merece muchísimo. Es el pueblo más bonito de República Checa y está muy poco masificado comparado con Praga. En temporada baja (otoño y primavera) lo tendrás prácticamente para ti sola.
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